Vivencia y conocimiento: Imaginación, la chispa ignorada en la educación

Henri Matisse, Sorrow of the King (1952)

 

 

En este artículo queridos lectores, me gustaría compartir con ustedes algunas ideas del erudito irlandés Kieran Eagan, quien ha introducido al mundo un concepto que jamás creeríamos compatible con la educación ortodoxa: la imaginación.

 

Eagan se ha especializado en los temas de educación y desarrollo de los niños, cuestionando a teóricos reconocidos en el campo educativo -como Piaget o Dewey-, lanzando argumentos contra ciertas ideas o formas arraigadas, no sólo de concebir la práctica educativa, sino de vivir el aprendizaje como seres cambiantes y complejos.

 

En general, la manera en la que aprendemos se desprende de convenciones, acuerdos y ejercicios de experimentación-repetición-comprobación que establecen de manera tajante los datos y símbolos que dictarán la forma en la que entendemos el mundo. Eagan nos invita a dudar y plantearnos cómo es ese proceso mediante el cual aprendemos, qué es lo que aprendemos (si datos, códigos, signos, experiencias significativas o todos ellos) y qué otras formas y espacios podríamos encontrar para dar un giro a nuestros procesos de aprendizaje. 

Entonces, mucho ojo si alguna vez has dicho “sí” a cualquiera de las siguientes consignas:

 

La educación es un proceso de acumulación de conocimientos. Según Egan, ésta es la receta perfecta para crear “pensadores ordinarios”. Además de introducir datos a nuestra mente, la educación también implica habilidades conectadas a las emociones, intenciones y un sentido humano profundo. El conocimiento del mundo y la humanidad no está vaciado en todos los libros que hay en el planeta, sino en la experiencia humana y en las herramientas que cada uno tiene para desarrollarla.

 

La mente humana es como una computadora. Temo informarles que esta creencia ya está descontinuada. La mente humana no aprende tal como lo hace una computadora ¿Por qué? Bueno, pues sencillamente porque los datos recuperados en la mente se mezclan con una efervescencia cambiante, inestable y sorpresiva de emociones, intenciones y recuerdos que también son parte de lo que Eagan llama nuestra “vida mental”. 2+2=4 o La conquista española de territorios mexicas, no tienen ningún sentido sin la efervescencia anterior. La memoria humana -de la que se nutre el aprendizaje- se parece más bien a un mar en constante agitación, pues nada de lo que aprendemos se mantiene de la misma forma en la que se introdujo a la mente en un primer momento.

 

Hay que luchar contra el “aprendizaje de memoria”. Siguiendo la línea poco fructífera de comparar a un estudiante con una máquina que se llena de datos, los progresistas aportaron al campo de la educación la idea de que el “aprendizaje de memoria” es hueco y carece de valor. Eagan, sin embargo, dice que la memoria debe ser usada como estimulante para el aprendizaje: no es aprender de memoria, sino con la memoria. Si esta forma va a emplearse, que su contenido sea significativo y sirva como un detonador que ayude a desarrollar la imaginación. No se trata de repetir datos como pericos, sino de evocar lo que ya sabemos.

 

Si te sientes terrible por haber dicho “sí” a estas consignas en algún momento de tu vida –o por haberlas asumido-, no todo está perdido: hay una posibilidad de cambio que salvará el día, y es que empecemos a introducir la chispa de la imaginación en la educación de manera consciente y activa. La imaginación, dice Eagan, no crea contenido por sí sola, pero es muy útil cuando se nutre de lo que ya sabemos y de nuestra capacidad para construir, reconstruir, componer o recomponer cualquier saber para otorgrle un sentido.

 

El aprendizaje que usa la imaginación como medio, produce placer… ¡¿Qué estás esperando?!

 

www.proyectomomo.org

 

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